Las evidencias de que el modelo de desarrollo europeo está agotado son cada vez mayores. Esta es una de las principales conclusiones que arroja el estudio ‘La correlación maldita en la UE. Análisis de la coherencia de políticas en los Estados miembros para un desarrollo sostenible’ que presentó La Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo.

La llamada correlación maldita es un concepto que apunta a que en la Unión Europea el progreso en las cuatro transiciones (ecológica, socioeconómica, democrática y feminista) implica el aumento de las presiones planetarias o impactos ecológicos, hasta llegar al punto en el que nos encontramos actualmente en el que está en riesgo la sostenibilidad de la vida.

En el evento de presentación, organizado por La Coordinadora, en colaboración con Le Grand Continent y el Círculo de Bellas Artes, representantes de las instituciones, academia y sociedad civil, entre otros, han dialogado sobre la importancia de la coherencia de políticas para abordar los desafíos a los que se enfrenta la UE en el nuevo ciclo institucional.

A las puertas de las elecciones europeas y desde el punto de vista de la correlación maldita, ninguno de los países de la UE, ni del mundo, se encuentra en el denominado cuadrante vacío: un espacio en el que el progreso en las transiciones sea compatible con unos impactos relativamente reducidos.

Tal y como revela el estudio, todos los países de la Unión Europea obtienen resultados muy bajos en términos de presiones planetarias y, especialmente, los países que lideran las transiciones. Es decir, países con mejores resultados en las transiciones como Luxemburgo, Finlandia, Irlanda o Suecia, tienden a tener peores resultados en los impactos planetarios. Y, al contrario, los países con menores impactos ecológicos, como Hungría, Bulgaria o Rumanía, tienden a tener peores resultados en las transiciones. Esta contradicción nos lleva a preguntarnos si el modelo europeo de desarrollo es compatible con el desarrollo sostenible del planeta.

Aunque no hay ningún país que obtenga una media en las transiciones menor de 60 puntos sobre 100, lo que nos habla de modelos de desarrollo más avanzados que los del conjunto del planeta, hay importantes diferencias internas. “Con la disparidad propia de un continente amplio y complejo, el informe señala que no existe un único modelo de desarrollo en la Unión Europea, sino que existen trayectorias de transición y que, cada país, debe seguir la suya propia tratando de reducir los impactos planetarios”, asegura Serrano.

 

La transición ecológica: la disputa por el abandono de las energías fósiles

Teniendo en cuenta que buena parte de las políticas ecológicas en el ámbito comunitario se han visto reforzadas tras la aprobación del Pacto Verde, la mayor parte de los países de la UE obtienen un resultado entre 60 y 70 puntos sobre 100. Sin embargo, al adentrarnos en las dimensiones de esta transición, la disparidad entre los países aumenta.

En el informe se observan altas puntuaciones en lo referente a los acuerdos internacionales sobre medio ambiente (todos los países están por encima de los 80 puntos) y una puntuación aceptable en la dimensión de estrés hídrico. Mientras que encontramos peores resultados en el porcentaje de áreas protegidas y, muy especialmente, en la generación de electricidad por energía renovable: 24 de los 27 países tienen una puntuación inferior a 50 sobre 100.

El abandono de las energías fósiles sigue siendo un tema central de disputa política en Europa. La Comisión Europea tiene como objetivo eliminar la dependencia de los recursos fósiles para 2050, aunque el cumplimiento de este objetivo se enfrenta a la resistencia de algunos países dependientes de los mismos, como Alemania o Polonia, o movimientos y partidos políticos que empujan retrasar su reducción y que podrían obtener un mayor peso en el nuevo ciclo institucional.

La transición socioeconómica: la incoherencia de la opacidad financiera

Aunque todos los países de la UE tienen un desempeño aceptable en esta transición, con algunos de los países (principalmente los nórdicos) con muy buenos resultados, es reseñable que tan solo 9 de los 27 países se encuentran por encima de la media de la Unión Europea (82,4 sobre 100).

En esta transición se observa que los Estados miembros obtienen resultados muy heterogéneos en dos de sus dimensiones: situación social y fiscalidad. Por ejemplo, los países procedentes del antiguo bloque soviético presentan peores resultados en la dimensión social a la vez que dinámicas más igualitarias (según el Índice de Palma) y, en el caso de Grecia, España e Italia, las incoherencias son graves en su situación social y de empleo.

Cabe destacar el caso de Alemania, Luxemburgo, Países Bajos y Chipre, cuyos niveles de alta opacidad financiera, facilitan prácticas que socavan recursos públicos dentro y fuera de sus fronteras e impactan de manera muy negativa en la transición socioeconómica.

La transición democrática: la militarización, la gran paradoja de la UE

Esta transición nos revela incoherencias importantes entre los Estados miembros. Salvo Grecia y Hungría, casi todos los países de la Unión Europea obtienen resultados muy positivos en su nivel de compromiso con los convenios y acuerdos internacionales de derechos humanos, sin embargo, en muchos casos, su importante industria militar y comercio de armas no está contribuyendo a un mundo más seguro y en paz. Así pues, hay un largo listado de países como España, Suecia, Finlandia, Alemania, Italia o Francia -país con la peor puntuación-, que deberían desmilitarizar sus sociedades para avanzar en la transición democrática.

En cuanto a la dimensión que evalúa los mecanismos de participación de la sociedad civil y de transparencia, también se observa una gran diferencia entre estados, obteniendo Dinamarca más del doble de puntuación que Hungría. Esa gran diferencia nos señala que, por sí misma, la pertenencia a la Unión Europea no implica necesariamente una democracia efectiva.

La transición feminista: una mirada común sobre las violencias basadas en género, una de las cuestiones pendientes

La disparidad entre los Estados miembros se encuentra especialmente en la dimensión del marco legal y normativo que mide cuestiones como la ratificación de instrumentos internacionales de igualdad de género o la existencia de legislación específica que proteja los derechos de las personas LGTBI. El estudio revela grandes diferencias entre países como Portugal, Bélgica o Suecia, con puntuaciones superiores a los 90 puntos y países como Polonia, Hungría o Bulgaria, que no superan los 55 puntos.

En esta dimensión cabe resaltar que tan solo 9 de los 27 países -Portugal, Bélgica, Suecia, Malta, Finlandia, Irlanda, Italia, Alemania y España- han ratificado el Convenio 189 de la OIT que protege los derechos laborales de las trabajadoras del hogar.

Ocurre algo parecido en la dimensión de la participación política de las mujeres, con grandes retos en países como Malta, Hungría, Polonia, Rumanía y Grecia, que no superan los 35 puntos, y quedan muy alejados de países como Austria, Finlandia, Bélgica, España y Suecia, que obtienen puntuaciones superiores a los 90 puntos.

En un contexto en el que el 20% de las mujeres europeas señala haber sufrido algún tipo de violencia de género, una de las cuestiones pendientes es la adopción de una mirada común a las violencias machistas desde las instituciones europeas, un paso ineludible para lograr la transición feminista.

La cuestión ineludible en la Unión Europea

El informe resalta que la reformulación de nuestro modelo de desarrollo es la cuestión ineludible de la Unión Europea. Si se quiere avanzar en las transiciones de manera coherente es urgente reducir drásticamente los impactos y presiones planetarias que todos los países de la Unión Europea, en mayor o menor medida, tienen.

Si bien todos los países deben encaminarse al mismo lugar, no todos los países parten del mismo punto. Cada Estado miembro tiene una serie de retos diferenciados, una lista de deberes diferente, que le obliga a buscar a poner énfasis en diferentes tareas de transformación para alcanzar un horizonte común.

Por tanto, la cuestión ineludible para la Unión Europea pasa por mostrar que se puede vivir mejor, con prosperidad y derechos, sin que eso implique condenar al conjunto del planeta a la insostenibilidad y la injusticia.

*Video available in English here:

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