El año 2023 será recordado en nuestro sector como el año en el que fue aprobada la Ley de Cooperación. Era un día soleado de inicios de febrero y todas lucíamos ese aspecto que nos atraviesa cuando nos sentimos orgullosas de un trabajo colectivo bien hecho. ¿Mejorable?, seguramente; pero, sin duda, un buen resultado de un esfuerzo coral. Con un apoyo de casi el 90% del Congreso, esta ley dejaba atrás la década perdida de la cooperación y abría la puerta a un camino que debíamos seguir recorriendo con paso firme, mucha responsabilidad y convencidas de que #EsHoradeCooperar.

Un mundo plagado de desafíos

La Ley nacía en un contexto mundial de múltiples retos. La guerra en Ucrania continuó cercenando la vida y otros conflictos olvidados hicieron lo propio mientras se recrudecían. La represión a los movimientos ciudadanos, la detención y asesinato de defensoras y defensores de derechos humanos o la reducción de calidad democrática marcó la vida de millones de personas en todo el mundo. Las represiones en Perú, la detención de compañeras y compañeros en El Salvador, el cierre de espacios democráticos en Nicaragua, las irregularidades en las elecciones en Guatemala o el golpe de Estado en Níger fueron algunos de los acontecimientos que pusieron en peligro los derechos humanos de manera preocupante.

El terremoto en Turquía y Siria golpeó a una zona que sufre una crisis humanitaria tras otra. Marruecos también se vio afectado por un seísmo que arrasó zonas muy pobres. Sudán apenas mereció titulares, pero la situación humanitaria supuso gravísimas consecuencias para una población que ya vivía en condiciones muy adversas; siete millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares.

2023 se convertía en el año más caluroso de la historia; los discursos antiderechos continuaron creciendo y aquí y allá los movimientos reaccionarios ganaron peso en la opinión pública y en las acciones políticas. La calidad democrática disminuyó en todo el mundo.

Entre tanto, en nuestras costas, 2023 pasó a ser el año más mortífero desde que hay registros: cada día murieron 18 personas que buscaban una vida mejor; en total, más de 6.600. Y mientras eso ocurría, Europa aprobaba el Pacto Europeo de Migración y Asilo, un acuerdo que, en lugar de garantizar derechos, hacía aún más peligrosos los trayectos migratorios.

La aprobación de este Pacto coincidió con la Presidencia española del Consejo Europeo. De junio a diciembre, España presidió este órgano de la UE; un momento que aprovechamos para realizar un proyecto en el que reivindicamos una UE más verde, igualitaria y feminista. A lo largo de esos meses trabajamos con representantes políticos, sociedad civil europea y latinoamericana, con medios de comunicación y organizaciones que defienden los derechos humanos.

Y entonces… Palestina

Un año muy complejo al que en octubre se sumó una situación sin precedentes. Hamás y otros grupos armados cometieron cometió un atentado en el que 1.200 personas fueron asesinadas; tal hecho desató una represión sin límites de Israel sobre la Franja de Gaza. En el momento de escribir esta carta más de 30.000 personas han sido asesinadas, las violaciones sistemáticas del derecho internacional humanitario por parte de Israel han sido denunciadas por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia de las Naciones Unidas; el hambre se utiliza como arma de guerra y se bloquea la entrada de ayuda humanitaria. Dos millones de personas, atrapadas sin posibilidad de escapatoria ni refugio mientras son constantemente bombardeadas. La impunidad es escandalosa y las consecuencias para toda la humanidad son incalculables.

Tal situación ha provocado una de las mayores movilizaciones de solidaridad planetarias. Desde los pueblos más chiquitos a las ciudades más grandes de todo el mundo, millones de personas reclaman la paz, el respeto a los derechos humanos, la justicia y el derecho a una vida digna para el pueblo palestino.

Nuestra ración de alegría

Cada día, a pesar de ese contexto mundial tan adverso, millones de personas defienden la solidaridad más allá de sus barrios, ciudades o países. A diario se levantan y tejen estrategias colectivas en defensa de la vida. Plantan cara a las sombras y arrojan luz en un mundo adverso. Junto a muchas de ellas caminamos en más de 100 países; personas que nos enseñan qué significa realmente apostarle a la vida, sostener la mano de quienes están a nuestro lado o a miles de kilómetros.

Junto a ellas aprendimos qué significa el arropo colectivo. Y es justamente eso lo que intentamos hacer ese trabajo de cohesión, cuidados y fortalecimiento mutuo que realizamos a diario con nuestras socias. Fruto de ello son nuestros cursos de formación, las innumerables reuniones que tienen nuestros grupos de trabajo, la labor que realizan las coordinadoras autonómicas o todos los esfuerzos por garantizar nuestra transparencia y buen gobierno. Sin olvidar el compromiso con la revisión constante, esa que nos llevó a iniciar un camino para empaparnos de enfoques feministas y decoloniales.

Un año complejo, sí; pero, al mismo tiempo, lleno de pequeños logros colectivos que son los que nos hacen seguir creyendo profundamente en nuestro trabajo. Esta memoria es una muestra de lo realizado. Agradecemos a todas las personas que lo hicieron posible: las organizaciones socias comprometidas con el día a día de La Coordinadora, a las personas que participan en los grupos, a las que asumen la responsabilidad de coordinarlos, a la Junta de Gobierno y al Equipo Técnico que hacen que el engranaje de La Coordinadora sea un poco mejor cada día. Gracias también por permitirnos, como dice Carmen Martín Gaite, “defender nuestra ración de alegría”.

Gracias por caminar de la mano.

Irene Bello Quintana. Presidenta de La Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo. Abril de 2024.

 

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