Soraida Hussein nació en Bogotá (Colombia) de padre y madre palestinos. “Desde que estábamos pequeños sabíamos que somos colombianos, pero también somos palestinos (…) para los palestinitos que nacemos afuera, los cuentos para dormir son sobre Palestina; mi papá nos hablaba de la señora Zena, una mujer muy chistosa, mi mamá también nos contaba historias”. Y así, hilando palabras, frases y versos su mente infantil comprendía que “había algo diferente”. Soraida sonríe recordando la niña que fue y cómo esas historias alimentaron, noche tras noche, su sentido de justicia.

Creció en Colombia hasta que su padre murió y, entonces, su madre quiso enterrarlo en Palestina. Regresó con sus hijos, y comenzó una lucha de 10 años para reclamar su derecho a vivir en la tierra que la vio nacer. Con el apoyo de una abogada israelí comunista, consiguieron sus papeles cuando comenzó la primera intifada. “Ahí es donde yo nací de nuevo”, afirma Soraida. Desde entonces, vive en Cisjordania.

La historia de Soraida Hussein es la historia de miles de palestinos y palestinas. Personas que sufren la negación de su derecho al retorno. Esta es una pieza más del asedio al que ejerce Israel desde hace décadas. El apartheid contra la población palestina se viene ejerciendo con impunidad durante 75 años los mismos de la declaración universal de los derechos humanos.

Hablamos con Soraida Hussein, responsable de género en Palestina de la ONG Alianza para la Solidaridad. Desde Cisjordania, analiza la gravedad de la situación y cómo las mujeres le hacen frente.

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Se han cumplido cinco meses de esta barbarie absoluta; la violación de los derechos humanos es sistemática; se impide la entrada de la ayuda humanitaria y se han cortado los fondos a la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada palestina). ¿Es posible la paz en tal abismo?

La paz la hace quien está buscando justicia. La paz la hace quien no tiene la paz porque sabe que es lo contrario a lo que tiene. Y eso es lo que hace que corra detrás de ella. Por otra parte, la paz es posible si es justa porque, a veces, se firman documentos llamados de paz, pero esos documentos solo pueden vivir para siempre si son justos, si garantizan la justicia, si aseguran que las personas oprimidas tienen justicia. Habrá paz si hay justicia para el pueblo palestino.

«Mientras millones de personas ocupan las calles en defensa de la humanidad, ¿qué hacen muchos gobiernos?»

 

¿Qué papel está jugando la comunidad internacional en esa construcción de la paz?

Lo que está ocurriendo aquí en estos meses es terrorífico. La humanidad internacional se ha dado cuenta de que la gente palestina es quien paga con sus cuerpos y sus vidas; pero, en realidad, lo que está pasando aquí va más allá, es algo que tiene que ver con todo el mundo. Es algo que rompe el significado de la humanidad; es un desafío a todos los valores y principios de humanidad de todos los documentos de Naciones Unidas. Por eso, las gentes que cada día salen a las calles son personas que entendieron que defienden al pueblo palestino, pero en realidad, lo que están haciendo es defender a toda la humanidad. Esas voces son muy importantes, a nosotras nos salvan. Y mientras millones de personas ocupan las calles en defensa de la humanidad, ¿qué hacen muchos gobiernos? A pesar de las numerosas movilizaciones, la guerra no ha acabado… Los pueblos deberíamos pensar si esta es la forma en la que queremos organizarnos.

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En la Franja de Gaza, la situación de las mujeres, es desgarradora. Recientemente, Naciones Unidas publicaba un informe sobre la violación de derechos humanos que sufren las mujeres palestinas. La investigación denuncia los “ataques deliberados y ejecuciones extrajudiciales de mujeres y criaturas en lugares donde buscaron refugio o mientras huían”. Denuncia también casos de abusos sexuales y violaciones.

“Las mujeres cargarán estos sufrimientos de generación en generación”.

 

A pesar de un contexto en el que casi 30.000 personas han sido asesinadas -muchas de ellas, niños y niñas-, en donde el hambre muerde a dentelladas, en donde no hay refugio posible… las mujeres continúan sosteniendo la vida y tejiendo estrategias de supervivencia en medio de la infamia.

Antes de este ataque sin tregua de Israel sobre Gaza, la ONU cifraba en 5.000 las personas palestinas prisioneras; muchas de ellas, hombres, y 160 menores de edad. Estos números han crecido exponencialmente en estos cinco meses. Tal situación hace que muchas mujeres deban sostener a la familia sin un compañero a su lado. “Las mujeres son una columna esencial de la edificación de la familia, siempre ha sido así”, afirma Soraida Hussein que denuncia que lo que está ocurriendo es un exterminio de un pueblo. “Están asesinando a muchas mujeres, a niños y niñas que son el futuro. Cuando las mujeres dejan de parir ya no hay sociedad, no hay futuro, es toda una generación… Lo que está pasando es peligrosísimo”, lamenta. “Las mujeres cargarán estos sufrimientos de generación en generación”.

Y, a pesar de ello, “vemos a mujeres jóvenes, se comunican con nosotras y nos dan ideas de cómo poder ser productivas. Yo creo que eso es parte de ser humano. Un humano cuando nace, nace con el sentimiento de la justicia y la paz y la dignidad. Y por más que cualquier ataque trate de quitárselo, no puede. No puede porque eso es parte de ser humano. Y las mujeres palestinas son muy humanas”.

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¿Será posible denunciar en algún momento ante las instancias internacionales competentes?

Sí, yo creo que África nos dio un ejemplo. Hay organizaciones que trabajan para documentar estos casos, organizaciones palestinas, europeas, latinoamericanas… Tenemos que llegar a un día en que todos esos casos se juzguen. Hay que hacerle pagar al asesino. Quien roba, quien mata tiene que pagar. Sí, realmente creo que llegará ese día.

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El 99,6% de las mujeres palestinas han superado la enseñanza secundaria; esta es una de las cifras más altas de la región. En las universidades representan el 58%. La educación supone para ellas una puerta al futuro, especialmente en la Franja de Gaza, la mayor cárcel a cielo abierto del planeta. Los ataques de Israel han destruido todas las universidades y, con ellas, el camino de las jóvenes a vidas más dignas.

“La educación es una de las armas más importantes para el pueblo palestino”. Es algo histórico, nos dice. La educación siempre ha sido muy importante, tanto que cuando ejercerla fue prohibida en la primera intifada, incluso con penas de 10 años, la gente palestina se organizó para ofrecer la educación popular.

“Los ataques a colegios y universidades son a propósito, pero las mujeres que fueron a la universidad aprendieron muchas cosas y ahora, de nuevo, van a inventar la forma para seguir viviendo, otra vez van a abrir el horizonte”.

«No minusvaloremos el poder de los pueblos; este es un tiempo en el que debemos tomar las riendas de nuevo. ”.

 

Cuando todo esto acabe, que esperamos que sea más pronto que tarde, hará falta mucha reconstruir una sociedad muy dañada. ¿Qué papel jugarán las mujeres, entonces?

Cuando todo se destruye, es lo roto lo que tenemos que edificar. Ahí es donde las mujeres debemos tener un rol, una visión, una opinión. Debemos participar bastante fuerte, aportar nuestra experiencia. En tiempo de guerra y violencia militar, se enmudecen los feminismos, se reducen los derechos de las mujeres. Cuando esa violencia termine, nuestro rol va a ser muy, muy importante. El trabajo y las responsabilidades que tenemos que hacer son inmensas. Y ahí es donde necesitamos a bastantes mujeres de todo el mundo para que nos apoyen, que vengan y trabajemos mano a mano para que esta vez sí nos tengan en cuenta.

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“No quiero acabar la entrevista sin decir algo: no minusvaloremos el poder de los pueblos; este es un tiempo en el que debemos tomar las riendas de nuevo. Los pueblos unidos hacen la diferencia y decir esto no es algo antiguo, sino una oportunidad para volver otra vez a las organizaciones, a los comités de base de la comunidad… Es una oportunidad. No puedo acabar sin dar gracias a los pueblos”, concluye Soraida Hussein.

 

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Juan Manuel Molino Laguna

HAY QUE PARAR ESTE ATAQUE A LA HUMANIDAD Y A LA LIBERTAD.
«NADIE TIENE EL DERECHO DD ELIMINAR A UN PUEBLO».

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