El 1 de junio cuando se celebró el diálogo entre Márcia Tiburi y Andrea Aldana acababa de celebrarse la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. El resultado daba pie a una segunda vuelta, el 19 de junio, donde se verían las caras el candidato de izquierda, Gustavo Petro y el empresario, Rodolfo Hernández. El resultado final dio la victoria histórica de la izquierda en Colombia.

Tanto Andrea como Márcia hablan desde un horizonte de posible cambio (en Colombia ya es un hecho). Sus palabras se colorean con una especie de incertidumbre, que se mezclan con el miedo y la esperanza. Ambas saben en carne propia lo que está en juego en estas próximas elecciones. Las dos viven exiliadas. Andrea porque se vio obligada a salir de Colombia por ejercer su profesión de periodista. Márcia, exiliada también, por convertirse en un blanco frecuente de amenazas de la extrema derecha, después de que asesinaran a su amiga Marielle Franco.

Por eso insisten en que lo más importante es que las personas sigan participando con sus votos en la democracia de sus países. Es el único modo de conseguir crear un espacio cívico en el que la ciudadanía pueda expresarse libremente, reunirse, hacer oír su voz  y en definitiva, formar parte de un entorno democrático. ¿Pero cómo se alcanza esta conquista social?

«Le quitaron tanto a Colombia, que le quitaron hasta el miedo a la gente”, Andrea Aldana

Los contextos de Brasil y Colombia son diferentes, pero comparten una espina dorsal que los atraviesa. La desigualdad es cada vez más latente en estos países y en la región en general. Según la CEPAL,  la pobreza extrema en América Latina subió al 13,8% a niveles de hace 27 años.

El 28 de abril de 2021 en Cali, Colombia, vino a constatar el hartazgo de una sociedad que sufre hambre y pobreza. La capital del departamento del Valle del Cauca se convirtió  ese día en el epicentro de la manifestaciones del paro nacional. “Le quitaron tanto a Colombia, que le quitaron hasta el miedo a la gente”. El estallido social fue el resultado de una juventud desesperada por encontrar un futuro mejor. Andrea Aldana que estuvo cubriendo como periodista estas manifestaciones entendió por qué la gente llegó hasta el punto de no tener miedo de perder la vida. “Nosotros somos tan poco que ni palabra tenemos”, le decían a Andrea las personas que se manifestaron en Cali. La desesperación de no tener un futuro podía provocar que “estas personas se hicieran matar por su presente”

La situación que viven países como Brasil y Colombia ha llevado, como dice Patricia Simón, periodista y moderadora del diálogo, que “las personas sientan que la democracia les ha fallado”. Hecho que se reflejan en imágenes tan simbólicas como los trapos rojos que las personas en Colombia pusieron en sus balcones como protesta por los altos índices de pobreza y que “acabaron volviéndose rosas de tanto tiempo que pasó” relata Andrea.

Diálogo y discursos del odio

Durante el paro en Cali que mantuvo en vilo a todo el país, fue fundamental el papel de las asambleas populares. Una herramienta que según Andrea sirvió para que la juventud movilizada entendiera que el odio no es la solución. “ Si la resistencia no tiene norte político solo vamos a tener caos”, recuerda Andrea al hacer memoria de esos días. Un diálogo que según Andrea viene personificado por la figura de la ya vicepresidenta Francia Márquez.

“El odio se convierte en una mercancía, al igual que una CocaCola. Mi imagen es usada por la extrema derecha para generar odio”, Márcia Tiburi

Y frente a este diálogo se posicionan los discursos del odio. Una veces con mensajes en medios de comunicación, otras en formas de memes en redes sociales y en el caso de Márcia con su imagen. En un “fascismo de mercado”, como denomina la filósofa brasileña, “el odio se convierte en una mercancía, al igual que una CocaCola. Mi imagen es usada por la extrema derecha para generar odio”. De esta forma se explica el porqué, a lo largo de los últimos años el sistema ha hecho uso de personas defensoras de DDHH, feministas y otras personalidades públicas para producir odio entre la población.

Márcia advierte que a día de hoy existen “oficinas del odio». Hay una guerra cultural contra las personas democráticas y no sólo contra la izquierda. Hay una guerra contra los índigenas, contra las mujeres (aumentó el feminicidio) y se ha  incrementado sustancialmente el número de asesinatos en las favelas por la policía hacia personas afrodescendientes. Estos hechos no pasan desapercibidos y van haciendo mella en las protestas sociales y en la conquista del espacio cívico: “La sociedad está en estado de shock. Tienen miedo a salir a las calles y a protestar y eso impide que se levanten”.

Poder y medios de comunicación

En este contexto los medios de comunicación cobran especial fuerza. Según señalan Márcia y Andrea tanto en Brasil como en Colombia, los medios de comunicación están controlados por el poder. Esta situación es propicia para que los discursos del odio y la propaganda campen a sus anchas. “Cuando se consigue desde el poder que haya un enemigo común, la gente es capaz de ceder sus derechos”, indica Andrea al recordar cómo en los años en los que gobernaba Álvaro Uribe había personas que hacían sopa con hojas de periódico. Y sin embargo, “la población decía que su enemigo eran las FARC, en vez del hambre”.

Según Márcia, desde el 2013 vivimos un lavado de cerebro por parte de los medios de comunicación, “controlados en sus mayoría por oligarquías patriarcarles y neoliberales y ”provocando que  a día de hoy se haga un uso antiético de los medios comunicación”. Y vaticina que si Lula da Silva, candidato del Partido de los Trabajadores,  gana las elecciones  presidenciales previstas para el 2 de octubre,  “será necesario e imprescindible hacer una ley de medios de comunicación”.

Colombia ya ha decidido su futuro más próximo. Ahora le toca el turno a Brasil. Marcia afirma que para una «democracia es una paradoja que haya alguien en el poder que sea antidemocrático. Es urgente retirar al actual presidente, Jair Bolsonoro, cambiar la situación y empezar de cero». La última palabra la tienen las urnas.

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