En 2014, el Gobierno de Uganda aprobó una ley contra la pornografía. Lo que era una propuesta para prohibir esta práctica se convirtió a los ojos de muchas personas en una “Ley anti minifalda”. Esto fue así porque definía como pornografía “cualquier representación de las partes sexuales de una persona que provoque excitación sexual”. Esta fórmula tan amplia llegó a interpretarse como aplicable a prendas muy reveladoras como las “minifaldas”. Y así, mientras el Gobierno afirmaba que la ley ayudaría a proteger a mujeres, niñas y niños, comenzaron a producirse agresiones públicas a mujeres.

La Ley fue tumbada el pasado mes de septiembre. Años de lucha feminista e incidencia colectiva consiguieron acabar con una ley que cuestionaba la libertad de las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo y su manera de vestir. Conversamos con Primah Kwagala, abogada y activista feminista implicada directamente en esta lucha. Directora ejecutiva de The Women´s Probono Initiative (WPI), organización liderada por mujeres que ofrece asistencia legal, asesoramiento y representación gratuitas para mujeres con escasos recursos. Forman parte del movimiento de mujeres en Uganda.

Pregunta. Explícanos en qué consistía la Ley ugandesa contra la pornografía.

Respuesta. La Ley contra la pornografía prohibió la creación, publicación, distribución y complicidad pornográfica. Se creó un consejo de nueve miembros encargado de abordar cuestiones relacionadas con la pornografía, incluida la educación pública; el mantenimiento de registro de infractores y la destrucción de materiales incautados. La ley fue impulsada, en gran medida, por fundamentalistas religiosos y apoyada por misioneros estadounidenses.

Seguimos viviendo en una sociedad que, en nombre de la supuesta protección de las mujeres, en realidad nos castiga.

 

P. ¿Qué llevo a los movimientos feministas a luchar contra esta Ley?

R. Las feministas criticamos la ley porque definía de una forma demasiado amplia lo que se entendía por pornografía. Durante la discusión de la Ley, antes de su aprobación, hubo quien rápidamente comenzó a aplicarla contra las mujeres que, según alegaban, “vestían mal” o con faldas muy cortas que incumplían la legislación. El resultado: varias mujeres fueron agredidas en la calle  y eso obligó a que las activistas impugnáramos su constitucionalidad en el Tribunal Constitucional de Uganda.

Las consecuencias de la Ley sobre la vida de las mujeres fueron enormes. Prima Kwagala explica cómo se atacaba a mujeres en las calles por el mero hecho de elegir su ropa. “Muchas mujeres fueron golpeadas, algunas artistas fueron detenidas por usar disfraces provocativos cuando actuaban. Se produjeron también interrogatorios públicos a mujeres que enfrentaban situaciones de “pornografía de la venganza” (vídeos e imágenes sexuales filtradas por ex parejas). Algunas mujeres perdieron trabajos, carreras profesionales. Es bien conocido el caso de una presentadora de televisión famosa cuyo novio filtró imágenes íntimas de ella; la televisión para la que trabajaba la despidió y, además, la policía la citó para que explicara cómo se habían difundido las imágenes. Es decir, la ley en lugar de proteger a las mujeres, las castigaba por ejercer su autonomía”.

P. ¿Cómo se consiguió finalmente tumbar la Ley? ¿Cómo se reaccionó ante esta victoria de las mujeres?

R. Las feministas, tanto personas como organizaciones, presentamos una petición constitucional para impugnarla. No tengo conocimiento de ninguna reacción de foros políticos o de la industria del porno; pero sé que el pastor Sempa (actualmente capellán del Parlamento de Uganda) y el reverendo Lokodo (entonces ministro de Ética) estaban entre los defensores de la Ley. Posteriormente, el pastor Sempa fue expulsado del Comité anti pornografía, porque poco después reveló que él mismo es consumidor de pornografía, entre otras cuestiones poco éticas que prefiero no comentar.

Necesitamos más mujeres en los espacios de toma de decisiones, no podemos ser consideradas como la cuota de género

 

 P. ¿Una vez que han conseguido acabar con esta Ley, cuál es la situación que enfrentan como feministas?

R. Seguimos viviendo en una sociedad que, en nombre de la supuesta protección de las mujeres, en realidad nos castiga. Aún estamos sujetas a muchas leyes que vigilan explícita e implícitamente los cuerpos de las mujeres, nos tratan como ciudadanas de segunda clase y solo toleran nuestra presencia cuando no expresamos nuestra autonomía.

Prima Kwagala hace memoria de las cifras de mujeres asesinadas en su país en los últimos años. Recuerda del brote de feminicidios que se produjo en 2017 cuando 28 mujeres fueron asesinadas en las ciudades de Entebbe y Nansana. Denuncia cómo los delitos de violencia sexual y de género continúan aumentado exponencialmente año tras año; a diario, al menos 40 mujeres denuncian en las comisarías delitos relacionados con violencia sexual. “No hay duda de que las mujeres en Uganda necesitan un marco legal más sólido que las proteja contra las vulnerabilidades que enfrentan a diario en las diversas esferas de su vida pública y privada”.

En el camino, las que pierden son siempre las mujeres. “Las mujeres pagaron el precio de una ley que supuestamente iba a protegerlas. Tenían miedo de salir de casa, de ir a fiestas y manifestar su autonomía –por esta Ley, pero también por otras que siguen vigentes–. Un ejemplo de esas normativas aún vigentes es la Ley del Código Penal, de 1950. Una legislación colonial británica que, entre otras cosas, castiga el trabajo sexual, la bigamia de las mujeres que eligen poligamia; pero que, por otro lado, protege a los hombres que eligen la poligamia socialmente aceptable; una ley que penaliza el aborto y a toda persona que ayude a obtener un aborto seguro”.

Quedan aún muchos retos por delante que pasan, entre otras cuestiones, por garantizar la justicia de género. “La composición del panel de jueces que anuló la opresiva ley contra la pornografía (tres hombres y dos mujeres) también es ilustrativo de la tensión por la justicia de género que aún no se ha ganado. Incluso mientras celebramos las pequeñas batallas ganadas, hay que recordarlo. Necesitamos más mujeres en los espacios de toma de decisiones, no podemos ser consideradas como la cuota de género o datos claves a discutir; debemos ser verdaderas lideresas y decisoras; personas que merecemos la dignidad y el respeto que se les debe a todos los seres humanos».

 

 

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