La situación que estamos viviendo mundialmente es más que una mera crisis de salud pública; es una crisis de sistema. Tal como ocurre con otras crisis existentes -como la climática- afecta a todo el planeta aunque su impacto es diferente para unas personas y otras, para unos países y otros.

Venimos de una realidad en la que desigualdad ya era insostenible; las consecuencias de esta crisis pueden hacer que crezca hasta niveles irreversibles para millones de personas en todo el mundo: trabajadores que han perdido sus empleos e ingresos, migrantes en varados en las fronteras, mujeres con trabajos precarios, personas indocumentadas, familias con bajos ingresos, personas sin hogar, con discapacidad o enfermedades crónicas, población racionalizada.

Pedimos a las instituciones europeas y a los Gobiernos de los Estados miembros que entiendan el mensaje que esta situación nos está enviando y trabajen para asegurar un cambio de rumbo. Urge un cambio fundamental en nuestros sistemas sociales, económicos y políticos. Tenemos disposición para apoyar la transición hacia nuevos modelos económicos y sociales que dejen atrás fórmulas que generan desigualdad, destrucción medioambiental y que impiden que tengamos capacidad de reacción cuando golpea una crisis de estas dimensiones.

Hacemos un llamamiento a quienes toman las decisiones en Europa para que se unan más allá de fronteras y pongan en valor una Europa que capaz de avanzar hacia un futuro sostenible, en el que contemos con democracia fuertes que garanticen los derechos humanos, la dignidad, la libertad, la igualdad y el Estado de derecho.

 

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