Regine, mujer afrodescendiente implicada en los derechos de las personas migrantes, hace una llamada de atención a la comunidad internacional, para que la solidaridad y atención que se viven en tiempos de tragedias sean más constantes: “debe ponerse más atención en lo que está ocurriendo actualmente en Haití puesto que lo que ocurre está aumentado la vulnerabilidad de una población que ya estaba en una situación extrema”.

¿Qué ocurre actualmente en Haití?

Intentaré explicar esto de forma no muy alarmante porque la imagen de mi país se ve afectada por muchas noticias negativas; al final solo se focaliza en la violencia popular. Y no hay violencia peor que la que ejerce el Gobierno sobre el pueblo, hacia lo más vulnerable. Estamos hablando de un sistema que no funciona. Las instituciones se han ido abajo. La mayoría de las personas no tienen acceso a cosas fundamentales como la salud. Es un poco complicado tratar de expresar todo esto, para que la gente vea más allá de esa violencia que se ve en las calles. Es una coyuntura complicada. Empezó el año pasado, el 6 y 7 de julio, cuando el gobierno trató de aumentar el precio de combustible. Es importante ser consciente de que cuando hablamos de combustible no es solo el diésel y gasolina, sino también el queroseo, que es el combustible que utiliza la gente más pobre. A partir de ahí todo estalló, sin lamentar ninguna pérdida humana.  En ese momento el gobierno no buscó las soluciones sostenibles para resolver y tratar de remediarlo. No hubo políticas para mejorar la situación. Meses más tarde, en febrero hubo una manifestación popular. Se paralizó el país por completo durante diez días. Estas movilizaciones comenzaron el 7 de febrero, una fecha simbólica para Haití porque es cuando se acabó el régimen del dictador Jean Claude Duvalier.  En esos 10 días se registraron 26 personas muertas. Desde febrero hasta hoy no ha habido una respuesta concreta para resolver este problema. Ahora lo que se pide desde la mayoría de los sectores es que el presidente dimita. El Estado sigue fallando porque no está protegiendo a las personas que están protestando en las calles. Siguen los muertos. La policía ha dicho que son 5 personas, pero la Red de Organizaciones de Derechos Humanos ha denunciado 17 personas muertas en un comunicado de 3 de octubre.

¿Quiénes asesinan a estas personas?

Son muertes causadas en las protestas. 15 de esas personas han muerto por herida de bala. Son enfrentamientos con la policía. De ahí nuestra preocupación desde el Servicio Jesuita… A pesar de esas pérdidas humanas, el Estado no aporta soluciones reales para que todo vuelva a la normalidad.

¿Cómo se está viviendo el contexto actual desde las organizaciones sociales?

Las protestas no las promueven directamente las organizaciones; son protestas que se producen de manera espontánea y también incluso apoyadas por la oposición. Estas protestas afectan a nuestras organizaciones porque aumentan la vulnerabilidad de la población. Por ejemplo, en la frontera con República Dominicana, que es la parte donde tenemos más intervenciones, la trata y el tráfico humano aumenta. Por otra parte, no hay una presencia que garantice acoger a las personas haitianas deportados por Dominicana en situaciones muy críticas.  Y la parte de incidencia política se ve muy afectada porque en el gobierno todo se enfoca en la crisis y de manera que el trabajo que hacemos para incidir sobre temas de derechos humanos no llega como debiera.

En este contexto, ¿qué papel tiene la comunidad internacional?

Creemos que existe desinterés. Se habla de Haití cuando pasa algo grande como un terremoto o un huracán. Aunque tenemos apoyo de organizaciones sociales de afuera, cuando nos referimos a la comunidad internacional en general vemos falta de interés. Se espera a que haya grandes tragedias para prestar atención a Haití.  En estos últimos años, hemos tenido tanta crisis, tanta corrupción, que se nos ha hecho más difícil sobreponernos. La atención de más países amigos, de la comunidad internacional, debería estar más presente, ser más constante. La situación que vivimos tiene impacto en la vida de las personas que arriesgan su vida para salir y tratar de ir a otros lugares. Por tanto, afecta también a otros países. Por otra parte, es un asunto humano; hablamos de 26 personas que pierden la vida en 10 día. Tendría que haber más atención de la comunidad internacional.

En ese contexto, con de niveles altos de pobreza, inseguridad, falta de respuestas del gobierno para garantizar servicios básicos, ¿qué papel juegan las empresas internacionales y otros intereses económicos en la zona?

Hay un poco de explotación y desinterés. Están para proteger sus beneficios y lo demás no les importa. Ahora mismo en el sector privado se habla de una gran división. La mayoría quieren apoyar a esa protesta popular para que el presidente se vaya; pero unos pocos, que son los más grandes, no lo quieren porque quieren proteger sus intereses. Esto provoca división en la sociedad y multiplica la violencia, las diferencias y las dificultades para que la situación se solucione.

¿Qué pedís a las organizaciones de cooperación para el desarrollo que están presentes en el país?

La solidaridad y apoyo que ha habido en tiempos de tragedia; que se haga más presente. Y que el mundo vea realmente la cara de lo que nosotros vivimos en nuestro país.

Empezabas la entrevista afirmando que “siempre que se habla de Haití se habla en negativo”. ¿Cómo podríamos hablar de Haití de otra manera?

Lo que está pasando si se da en otros países quizás sería más grave. Habría más violencia. En República Dominicana lo dicen: la cantidad de policía que hay con respecto a la población que vive en el país es pequeña. La violencia que hay no es tan significativa frente a la gravedad de lo que se vive. Podemos hablar de muchas cosas: somos un pueblo bien acogedor. Hay muchas cuestiones positivas en las que enfocarse y apoyarlas para que se pueda ver esa parte linda que tenemos como pueblo, como país.

*Escrito por Cristina Fuertes López y Yolanda Polo Tejedor

 

*Regine Charles nació en Puerto Príncipe, Haití. A finales de 2009, durante el segundo mandado del presidente Preval, Haití vivió un período de transición sociopolítica que supuso el exilio del presidente Aristide. Entonces, Regine tenía 21 años y migró junto a su madre a República Dominicana donde cursó sus estudios universitarios. Como mujer joven y afrodescendiente tomó conciencia de su condición de migrante en Dominicana. Su vida, entonces, se desarrolló entre los estudios y trabajos voluntarios en instituciones que trabajan con la población migrante haitiana y sus descendientes y su derecho a la nacionalidad. En 2017 regresa a su país. Actualmente es oficial de Programas Binacional y coordinadora de proyectos con República Dominicana de Servicio Jesuita para Inmigrantes en Haití.

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