Artículo de Francesc Mateu ,  vicepresidente de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo, publicado en Tribuna de El País.

Estoy comiendo con Helena Maleno en Tánger. Su móvil no para de sonar. Francés, español, árabe. Salvamento marítimo, Estado marroquí, familiares. Cara tranquila y manos firmes que escriben datos en los manteles. Hace pocas preguntas: ¿cuántos?, ¿color?, ¿lugar de salida?, ¿dirección?, ¿potencia del motor? Las que con el tiempo sabe imprescindibles para encontrar a la gente. Las que le pedirá salvamento marítimo.

54 personas. 3 niños. Pero, ¿hay una o dos? Más llamadas. Hasta que consigue la información precisa. No hay ni una, ni dos. Hay tres. Han encontrado una. 11 muertos. 8 desaparecidos. Y mientras seguimos comiendo. Y hablando de su situación.

Llama salvamento marítimo que necesita más precisión para rescatar las otras dos. Ella alaba la labor hiperprofesional de salvamento marítimo de Almería que tiene unos valores éticos a prueba de bombas. Y seguimos comiendo. Y siguen llamando. Como si fuera lo más normal del mundo. De hecho, normal no es, pero desgraciadamente es habitual.

Por la noche, nos hemos encontrado con unos 200 o 300 jóvenes en la catedral. Venían del bosque. A pie. En medio de la lluvia y un frío terrible. Y cuando hemos terminado casi a las nueve de la noche han regresado al bosque, también a pie. Mojados y sin la ropa adecuada.

Han venido solo para apoyar a Helena. Y lo han hecho dentro la catedral porque es el único lugar donde se sienten seguros. Afuera tienen miedo, mucho miedo. En sus ojos se ve. Son jóvenes. Mucho. Casi críos algunos de ellos. Parece un grupo de instituto.

Mañana serán ellos los que intentarán saltar la valla o se meterán en un bote de juguete para cruzar el estrecho. Y con una llamada sabremos si los han rescatado, si han muerto o si han desaparecido. Así de duro. Por el delito de querer vivir. Mejor dicho sobrevivir.

Y mientras tanto, la Policía española hace informes contra Maleno y, por ende, contra la esperanza de esta gente. Convirtiendo el salvador en verdugo. Convirtiendo su compromiso en culpabilidad. Su acción desinteresada de socorrer, la acusan de lucro. Salva vidas y la acusan de provocar las muertes. Y como la Audiencia Nacional española no ve delito, como no podía ser de otro modo, traspasan el expediente a Marruecos para que, aparte de hacer el trabajo sucio de contener a las personas que quieren llegar a España, hagan también el de cargarse a quienes nuestro Estado de derecho no puede.

Es muy grave. Y por eso hemos apoyado a Maleno. Por eso, la Coordinadora de ONGD de España, y mucha más gente, hemos presionado a todas las personas que hemos podido. Por eso, visitamos el lunes al cónsul. Y, por eso, la Embajada ha respondido y está trabajando para deshacer lo que la policía ha hecho.

A estas alturas, después de oír la declaración de Helena, el juez se debe estar preguntando: ¿cómo puede haber llegado esto aquí?, ¿por qué hay gente que quiere perjudicar a esta señora?, ¿qué mundo hemos creado para que haya gente que quiere tanto mal a quien hace tanto bien?

Esperaremos la declaración del día 31. Esperaremos que el Estado español deje claro que no persigue a Maleno y, mientras tanto, le seguiremos enviando toda la energía y le daremos todo nuestro apoyo.

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