Un conjunto de organizaciones, a través de la iniciativa Quorum Global,  han participado en el marco de la V Feria de Economía Social y Solidaria en el debate “Robots, renta básica, cuidados y ecología. El trabajo de las próximas décadas”. Chus González García, dinamizadora de Quorum Global,  nos desgrana en  el siguiente artículo las interesantes reflexiones que surgieron en el encuentro

Ya lo decía mi madre: “La mejor amiga, la lavadora”. Las nuevas tecnologías, las de antes y las de ahora, han supuesto avances notables, en ocasiones, revoluciones industriales. Sin embargo ¿en qué medida han contribuido a reconfigurar la sociedad en término más justos? ¿Han sido partícipes de sus mejoras todos los estratos sociales? ¿Han llegado a todos los países? ¿A qué necesidades están respondiendo las investigaciones e innovaciones tecnológicas en diversos ámbitos (en la salud, en la alimentación, en la producción de energía…)? O en el ejemplo de la lavadora ¿ha supuesto una mayor implicación de los hombres en la colada familiar?

En esta línea, el domingo pasado en la  V Feria de Economía Solidaria de Madrid, bajo un título un tanto exótico –Robots, renta básica, cuidados y ecología– y aparentemente convocando a una charla de economía, tuvimos la oportunidad de acercarnos a un dilema eminentemente ético. Un empeño en mirar la realidad de modo más complejo e interconectado, que bajo el nombre de Quorum Global, aglutina a distintos colectivos del todo el Estado, como Marco Gordillo, de la Coordinadora estatal de ONG de Desarrollo, nos contó al inicio.

En este momento histórico sabemos que en 20 años podemos duplicar el PIB a nivel mundial. Somos capaces de generar riqueza hasta límites insospechados y profundizar la desigualdad a pasos de gigante sin pestañear: los 8 hombres más ricos del mundo poseen ya la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial (3.600 millones de personas).

A manos de Yago Álvarez, de El Salmón Contracorriente – El Salto, conocimos que las nuevas tendencias laborales, gracias a las posibilidades de procesamiento de datos a nivel de vértigo, la robótica y automatización de múltiples procesos, la inteligencia artificial alimentada de millones de datos (big data) que facilitamos día a día, apuntan a la desaparición de empleos de todo tipo, desde menor cualificación profesional –preparación de pedidos en grandes almacenes o recolección de fresas- hasta otros más cualificados –traducción, redacción periodística…- o incluso los propios traders o brokers de la bolsa.

Tecnologías e investigaciones que están hoy en manos de pocas empresas y personas, igual que sucede con las patentes en el ámbito de la salud. Más allá de robots sí, robots, no, Yago apuesta por la democratización de estos conocimientos y avances para que estén al servicio de la sociedad. Esto significa, entre otras, software libre, lógicas colaborativas, licencias Creative Commons, medios de comunicación independientes, y, de modo claro, gobiernos que se encarguen de regular y garantizar el procomún.

Demos un paso más. ¿Cómo afectarán dichos cambios tecnológicos a los trabajos de cuidados y reproducción social, no reconocidos por los mercados ni recogidos en las cifras oficiales de riqueza, y asumidos mayoritariamente por mujeres de forma precaria o gratuita, fuera o dentro del hogar? Alicia Rius, de la Red de Economía Feminista, nos invitó a mirar al pasado, donde se dieron debates similares, donde ya vimos que se perpetúan situaciones de discriminación y desigualdad, de la mano del capitalismo y el patriarcado, aunque se revistan de nuevas formas. La profesionalización de los trabajos domésticos no ha favorecido su reconocimiento ni su redistribución entre mujeres y hombres, ni entre el Estado ni los actores sociales. Debemos preguntarnos cómo vamos a gestionar estos cambios, si con criterios democráticos y éticos, o si lo dejamos en manos de fuerzas autoritarias, fascistas. Y desde la economía feminista nos propuso 3 ámbitos de actuación y propuesta: Estados fuertes que protejan y garanticen los derechos; organización social y económica para conciliar la vida personal con los trabajos, como nos invita la Economía Social y Solidaria, como las propuestas ecofeministas de urbanismo o las jornadas laborales de 20 horas; y un nuevo pacto social que supere la visión del homus economicus, y asuma la interdependencia y la corresponsabilidad, que se preocupe por la vida, no por los mercados.

Si queremos orientarnos al bienestar de las personas, social, económica o tecnológicamente, Juan Gimeno, del Foro de Economía Progresista y Economistas sin Fronteras, nos invitó a desmontar la concepción actual de bienestar. Su principal indicador, el PIB, claramente no refleja la realidad social ni la desigualdad creciente, y excluye precisamente los trabajos y actividades que generan mayor bienestar: los cuidados de las personas y del planeta. Esto pasa por definir una profundización de los derechos básicos que nos aportan dignidad, y por acordar cuáles son los niveles a los que deben garantizarse esos derechos para todas las personas. Vinculándolo con las propuestas progresistas de renta básica, se trataría de contar con un sistema eficiente que permita una vida digna, independientemente del empleo y como una medida complementaria a otras, para tener un marco de derechos consolidados. No como un ingreso que justifique eliminar prestaciones sociales o mantenga a grupos de población en la exclusión social. No como el Foro de Davos propone, a modo de amortiguador social.

A menudo se nos señala que estas propuestas no son posibles ni pagables. Ante este escenario de grave destrucción de empleo y la merma en las contribuciones a la bolsa común de la Seguridad Social, aprovechemos para señalar el sol y no al dedo. Necesitamos un cambio radical a nivel fiscal, donde contribuyan las mayores rentas –las del capital financiero-, y desvincular el sostenimiento de la vida y de la sociedad de las rentas del trabajo, las más castigadas y precarias. ¿Por qué no hablar de la quiebra de Defensa cuando nos insisten con la quiebra del Estado de bienestar y sus políticas sociales?

Las utopías y las distopías del pasado son realidades de hoy. Salgamos de debates de lo científicamente posible o no, de lo económica y presupuestariamente viable o sostenible, porque la historia nos enseña que las posibilidades se construyen hasta crear realidades inimaginables. Y porque, en definitiva, debemos preguntarnos hacia dónde queremos dirigirnos, como civilización, en esta época, hasta dónde queremos llegar con nuestros conocimientos, y sobre todo con qué criterios y valores queremos orientarnos y regularnos. Profundización democrática, ecofeminismo, aprender del pasado aplicando nuevas claves, un tejido social fuerte y generoso frente a lógicas mercantiles y excluyentes, humanización frente a la máquina. Sabemos que el cambio está aquí. No podemos parar el viento. Construyamos los molinos, juntas.

 

 

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