Personas delegadas de 21 Comisiones europeas de Justicia y Paz, reunidas en Luxemburgo del 30 de septiembre al 3 de octubre de 2016, cumplimos con nuestra responsabilidad de explorar retos sobre seguridad a los que se enfrenta Europa en diálogo con representantes de la política, militares, instituciones de la UE y la sociedad civil. Hemos sido acogidas en la Eucaristía por la parroquia del pueblo de Schengen, junto a un coro de la Escuela Europea, compartiendo el espíritu de Schengen, unidas en la diversidad a través de la oración y el canto.

Al término de este Seminario Internacional y de nuestra Asamblea general, hemos adoptado la siguiente declaración:

En la  Europa de hoy, muchas personas están muy preocupadas por la seguridad. Sus preocupaciones están justificadas. Desde los ataques terroristas a la guerra cibernética, desde la crisis de las personas refugiadas a los efectos del cambio climático, desde el aumento de la desigualdad económica y la injusticia social a los altos niveles de desempleo, desde la crisis de la deuda soberana al Brexit, la ciudadanía europea enfrenta desafíos de orden social, cultural, económico y político que han garantizado la seguridad en Europa en los últimos tiempos.

La seguridad es esencial y positiva. Protege la dignidad humana, a fin de que pueda desarrollarse. Es una condición previa para la libertad y para la búsqueda del bienestar y la felicidad. Por ello, la verdadera seguridad debe estar enlazada con el respeto a los derechos humanos y la justicia (cf. Gaudium et spes, 78 y 81).

Cuando la seguridad se distancia de la justicia y de los derechos humanos, pierde este valor positivo. En su lugar, limita lo demás, impide el intercambio mutuo y con el tiempo se convierte en un nuevo motivo de conflicto y división. La verdadera seguridad solo puede existir en la paz, y la paz abarca la posibilidad de vivir con el prójimo -incluso llegar a amarle-, cualquiera que sea su nacionalidad, color, religión o condición económica.

Por lo tanto, las medidas para proteger la seguridad deben ser proporcionales al respeto hacia la justicia y los derechos humanos. Cuando las leyes reivindican la dignidad de la persona humana, reúnen a la sociedad en el respeto mutuo. Cuando no lo hacen, disminuyen el estado de derecho y socavan la cohesión social. Lo mismo es cierto en el derecho internacional.

Advertimos en contra de la idea de que Europa puede lograr la seguridad por sí misma mediante la construcción de muros. La naturaleza de las amenazas a la seguridad de Europa es demasiado diversa y muy compleja para que los muros sean eficaces. En su lugar, los muros excluyen y discriminan, y crean una sensación de injusticia. La seguridad para Europa solo se logrará cuando todos los habitantes de este mundo puedan percibir justo el orden mundial.

Es por ello que la seguridad de Europa se verá reforzada por medidas que hagan el mundo más justo. Las instituciones europeas deben seguir buscando más allá de la crisis inmediata para hacer frente sus causas reales. Esto exige nuevas ideas que tengan en cuenta la nueva realidad: que vivimos en un mundo limitado, no ilimitado de recursos; que un orden mundial basado en estados territoriales no puede controlar el ciberespacio. No olvidemos que las amenazas a nuestra seguridad surgen tanto – si no más – desde dentro de nuestra sociedad como desde fuera.

La seguridad también es una percepción subjetiva. La vida es frágil; nunca podemos tener seguridad completamente. Si tenemos miedo y ansiedad, independientemente de cómo sea de cercano o real un peligro, entonces sentimos inseguridad. Tenemos que ser capaces de distinguir entre preocupaciones fundadas, amenazas reales y miedos profundos sin fundamento, acerca del futuro o de terceras personas.Continúa

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