Artículo de Mercedes Ruiz-Giménez Aguilar, presidenta de la Coordinadora de ONGD, publicado en Planeta Futuro de El País.es el día 20 de octubre de 2015.

Los compromisos, como el movimiento, se demuestran andando y parece que este gobierno no tiene ninguna intención de caminar, ni siquiera en la recta final de su mandato. Apenas dos semanas después de que España asumiera la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible en el seno de las Naciones Unidas, se aprueban unos Presupuestos Generales del Estado que, lejos de empezar a recuperar el presupuesto de las políticas de lucha contra la pobreza y la exclusión, perpetúan la senda del austericidio, iniciada en 2011.

Las políticas de recortes sociales han agravado los problemas de pobreza y desigualdad en nuestro país, hasta situarnos como uno e las más desiguales de Europa. En el plano internacional, han contribuido al desmantelamiento de la política de cooperación al desarrollo, lo que nos ha llevado a situarnos a la cola de los países donantes.

Los Presupuestos Generales del Estado que se aprueban hoy en el Congreso son el remate final de una legislatura que ha recortado todas las partidas sociales: educación, sanidad, dependencia, igualdad… Y en especial la política de cooperación, que no solo ha sido la más recortada con una caída del 70%, sino que además, se ha visto sometida a un cambio de modelo que debilitado profundamente a sus actores.

El discurso del gobierno presenta, cual mantra, su compromiso con la cooperación ligado al crecimiento económico. La realidad, sin embargo, le devuelve una imagen bastante distorsionada. A pesar de que en 2016 se prevé un ligero aumento en los fondos destinados a esta política, la ampliación no logra compensar el enorme recorte presupuestario al que se ha visto sometida en los últimos cuatro años. Seguimos a la cola de Europa y en niveles de los años 90. Este incremento se centra además en los Organismos Financieros Internacionales, en lugar de dirigirlo a recuperar la inversión en la Agencia Española de Cooperación Internacional, la Ayuda Humanitaria o el trabajo de  las ONGD.

Esta tendencia ha tenido consecuencias directas y muy graves sobre la vida de miles de personas. A modo de ejemplo, desde 2008 las ONGD hemos reducido el número de actuaciones en un 55%, según los datos del informe del sector.

Los discursos se dan de frente con las decisiones políticas

Mientras las palabras van por un lado, los hechos van por otro. El gobierno, en respuesta a las recomendaciones del Comité de Ayuda al Desarrollo, puso en marcha un grupo de trabajo para la elaboración de un “marco de relación ONGD-Administración”. Un documento en el que se reconocían los diversos roles que desde las Organizaciones de la Sociedad Civil podemos jugar y los instrumentos adecuados para ello. Después de meses de paralización en las negociaciones, se logró avanzar y consensuar parte del documento. Pero el diálogo tuvo que interrumpirse cuando conocimos que los presupuestos para 2016 carecían de los medios financieros necesarios para llevar a cabo la estrategia

La convocatoria de  convenios, programas a cuatro años que han demostrado ser un instrumento eficaz, desaparece en 2016. Y eso a pesar de que la Orden de Bases en vigor desde 2011 obliga a su convocatoria. La incoherencia es enorme y ante ella, la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España ha paralizado el diálogo en torno a un marco de relación. No puede ser de otra forma con unos PGE para 2016 que son una pura declaración de intenciones vacía de contenido.

A todo ello se une el hecho nuevo golpe que recibe  la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID), la entidad del sistema español con mayor capacidad de promover los derechos humanos, y principal responsable de la ejecución de la política de cooperación. La caída en su presupuesto alcanza ya el 70%. ¿De verdad alguien piensa que, llegados a este punto, se puede “hacer más con menos”, como insiste el gobierno?

En estos cuatros años nos hemos sentido como Sísifo. Empujando de un lado y de otro sin posibilidad de avance. Pues bien, tiramos la piedra; pero no la toalla. Seguiremos defendiendo la política de cooperación para el desarrollo; los derechos de miles de personas están en juego. Continuaremos nuestro trabajo con el nuevo gobierno que salga de las urnas. Los retos que tendrá por delante serán enormes, como enormes serán las posibilidades de construir de manera conjunta con la ciudadanía políticas que garanticen los derechos de las personas y acaben con las desigualdades. Aquí y en cualquier lugar del mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.