La Fundación Tierra de hombres desarrolla en Perú un programa de Justicia Juvenil Restaurativa, un modelo que aboga por la participación activa de infractores, víctimas y comunidad

 

 

 

Cuando un menor de entre 14 y 18 años es detenido en una comisaría de Perú, la Fundación Tierra de hombres (Tdh) acude de inmediato. Es el punto de partida del programa Justicia Juvenil Restaurativa (JJR) promovido por Tdh en el país latinoamericano. Un abogado de la Fundación se persona para verificar que todos los derechos del adolescente se están respetando y comienza a trabajar junto con un psicólogo y un trabajador social, quienes se encargan de conocer la historia personal del menor y su situación familiar para proporcionar al fiscal la información suficiente antes de tomar la decisión de aplicarle la remisión y no abrir un proceso judicial. Este es el objetivo principal del programa que promueve Tierra de hombres, presente ya en cinco distritos de Perú: brindar una nueva oportunidad a los adolescentes infractores de delitos menores (robos o peleas sin armas y nunca homicidios) e incluirlos en el programa de Justicia Juvenil Restaurativa, un modelo que desde 2005, ha logrado demostrar las ventajas jurídicas, sociales y económicas frente al modelo punitivo. “El castigo no enseña, reprime, y resulta perjudicial para el desarrollo de los adolescentes”, ha afirmado Óscar Vásquez, asesor especializado en JJR de Tierra de hombres en su reciente visita a España . Y es que este programa trabaja, no sólo por la reinserción del adolescente a través de medidas alternativas al internamiento, sino también con su familia; con las víctimas, atendiendo sus necesidades y reparando el daño causado y con la comunidad, promoviendo su participación en los procesos de diálogo. Entre las medidas alternativas que impulsa Tierra de hombres están los servicios a la Comunidad, colaborando, por ejemplo, en hogares de niños con diferentes capacidades o de niños abandonados para darles de comer, ayudarles o jugar con ellos…Pero también el pago de multas o la libertad asistida, trabajando paralelamente actividades orientadas a enseñar a los adolescentes un oficio o a dar salida a sus habilidades con talleres de arte, danza, deporte, etc. En la actualidad, la Fundación Tierra de hombres busca ampliar y consolidar este modelo de Justicia por parte del Estado y promueve la responsabilidad y la participación activa de todos los actores implicados: agresor o infractor, víctima, familias, miembros de la comunidad y profesionales jurídicos y sociales, realizando campañas de sensibilización en la sociedad para provocar un cambio en la consideración que tienen sobre el delito y la justicia y para hacerles entender los beneficios de este modelo restaurativo. Además, imparten formación especializada, posibilitando a jueces, fiscales, psicólogos y trabajadores sociales un trabajo más efectivo a la vez que se obtienen resultados beneficiosos en los menores atendidos: “El adolescente entiende las consecuencias de sus actos y reflexiona sobre su vida; el daño infligido a la víctima es reparado emocional o materialmente; la comunidad se siente fortalecida y segura y el sistema de justicia confirma el valor del orden legal y constitucional”, señala Óscar Vásquez. (se adjunta entrevista) Datos significativos que avalan el éxito de la Justicia Juvenil Restaurativa El programa de Justicia Juvenil Restaurativa ha garantizado desde 2005 una defensa a casi 2000 adolescentes en conflicto con la ley desde su detención en comisaría. De ellos, menos de un 10% ha reincidido y un 60% ha ingresado en el programa, beneficiándose de la remisión a través de medidas alternativas a la privación de libertad. Igualmente se ha atendido a más de 200 víctimas y se han promovido 36 procesos de mediación. También se ha logrado impulsar la participación de más de 90 instituciones locales y se ha demostrado que la Justicia Juvenil Restaurativa tiene un menor coste para el Estado, ya que datos de un estudio realizado en 2008 evidenció que el coste mensual del programa que promueve Tierra de hombres es de 115 dólares por adolescente frente a los 417 dólares que cuesta mantener a los adolescentes en centros juveniles cerrados con medidas privativas de libertad.

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