“Esos argumentos que dicen que primero lo de aquí y luego el resto miran sólo al presente, construir desarrollo es mirar más allá de la crisis. Debemos preguntarnos que sociedad estamos construyendo; nos guste o no somos globales”.


Juan Carlos González García de Castro

Instituto Peruano en Educación en Derechos Humanos y en la Paz

 

Corría el año 97 cuando Juan Carlos González  dejó su Asturias natal para realizar la prestación social sustitutoria en Iquitos, en plena selva peruana. Sonríe aún con cierta dosis de sorpresa cuando nos cuenta cómo entre los destinos que le ofrecieron había uno de cooperación internacional al desarrollo; “me pareció interesante darle un sentido más social a ese tiempo en el que además podía aportar a otras realidades que necesitan más apoyo que la nuestra. Me eligieron sin tener experiencia previa… Tal vez el destino te va llevando donde debes estar

Desde entonces, Juan Carlos ha pasado por distintos proyectos educativos por todo el país en los que ha trabajado “casi sin querer queriendo, porque cada año iban surgiendo propuestas nuevas, te vas implicando, la gente tiene una calidad humana enorme y acabas sintiéndose como en casa”.

El Perú actual es muy diferente al que conoció en la década de los 90. “Hay un cambio enorme, un crecimiento económico muy pujante, no en vano es el país de América Latina con los índices de crecimiento más altos. Pero, si bien esto es cierto, existe un problema muy fuerte que tiene que ver por un lado con el centralismo y por otro, con unas brechas de desigualdad enormes; el crecimiento macroeconómico no va de la mano de la desaparición de la desigualdad.  La actual gestión del gobierno Ollanta Humala propuso que el eje transversal de todas las políticas públicas fuera el cierre de esas brechas. Y esto es un enorme reto porque en el Perú, desde la independencia, hay unos grupos de poder están ahí, gobierne quien gobierne. Es decir, no es sólo que haya pobres, es que hay unas estructuras de marginación que hacen que los pobres sean siempre los mismos y sea muy difícil cerrar esas brechas”.

 

Pregunta – En un contexto de enorme crecimiento económico, ¿es necesario mantener la cooperación?

Aunque es cierto que en Perú se han dado avances económicos y se ha fortalecido la democracia, el proceso no está lo suficientemente consolidado para garantizar que, si se acaba con la cooperación, esa democracia funcione con solidez. Cualquiera que esté en el Perú se da cuenta de esto; por ejemplo, en vemos una ciudad muy turística, muy pujante, con un crecimiento económico que se nota en la calle, en los comercios… vemos índices de desarrollo altos. Pero a 25 km. hay un distrito en el que los niveles de desnutrición, de escolarización están entre los más bajos. En el Perú, como en muchos otros países, garantizar el proceso de desarrollo es equilibrar y en ese fomento del equilibrio, la cooperación es fundamental; sin ella, esas estructuras de poder de las que hablaba antes, no pueden garantizar que el desequilibrio se rompa.

P. ¿En ese fomento del equilibrio cómo interactúa el gobierno peruano con la cooperación internacional?

Antes se funcionaba libremente, por ejemplo, la AECID financiaba unos proyectos en el Perú y era independiente del funcionamiento del Estado;  se vio que esta forma de actuar era una debilidad porque políticas públicas de desarrollo y propuestas de la cooperación internacional podían llegar a entrar en conflicto. Desde hace unos años existe la Agencia Peruana de Cooperación Internacional cuya función es ver cuáles son las prioridades de las políticas de desarrollo nacional y cómo la cooperación internacional se adapta a esas prioridades y se articula con ellas. Esa es la teoría, aunque ciertamente todavía en la práctica la agencia se encuentra aún en la etapa de la formalidad de recopilar datos, informes… y le falta articular procesos, generar sinergias entre proyectos que se están desarrollando simultáneamente, compartir resultados y llevarlos a las políticas públicas. Es un camino importante a recorrer.

P. ¿Se ha notado el recorte de fondos de la cooperación española en ese trabajo que realizáis?

Se ha notado drásticamente y ya en el último año dramáticamente. Por dar un ejemplo gráfico, cuando yo llego en el año 2010 al Instituto Peruano en Educación en Derechos Humanos y la Paz, se ejecutaban 15 proyectos de cooperación al desarrollo en el ámbito educativo en todo el país. En 2012 se realizó un proyecto y se aprobó otro. Esto qué es lo que significa, pues que este tipo de propuestas que promueven el desarrollo de las capacidades de las personas con más necesidades quedan limitadas o paralizadas.

P. ¿Qué tipo de proyectos realizáis y de qué manera fortalecéis esas capacidades?

Un ejemplo que puede explicarlo: en los últimos años hemos trabajado en un proyecto que se ha desarrollado en cinco regiones de Perú Moquegua, Lambayeque, Ayacucho, Cuzco y Puno, que reflejan la diversidad del país, puesto que las dos primeras son de la costa y las otras de la sierra. El reto en este proyecto era incorporar la educación en derechos y democracia en la escuela. Podíamos hacerlo de dos formas: una que es la que más se ha desarrollado en España y que es como actividad extraescolar de manera que tiene menos importancia y, por tanto, menos impacto en los niños y niñas. El reto era conseguir la transversalización de ese tipo de educación en la práctica cotidiana dentro de la práctica diaria de la enseñanza. ¿Cuál fue la estrategia?, seleccionar a un promedio de 50 profesores de cada una de las regiones y formales como promotores. Nuestra apuesta es que el profesor y la profesora sean el motor del cambio; y para eso hay que generar capacidades en esas personas. Las capacidades se desarrollaron por dos vías distintas pero complementarias; una a través de los temas, como por ejemplo la democracia; y otra, a través de las formas, es decir, si por ejemplo tienes que hablar de geometría cómo hacerlo. Cómo fomentar valores democráticos en lo que se denomina “currículo oculto” que es lo que va creando un conocimiento sobre formas de relacionarse, actuar, entender el mundo, etc. Se fomentan también otras capacidades que contribuyen al trabajo colectivo del profesorado para promover cambios en la enseñanza. Eso es importante porque en Perú se están generan espacios de concertación en los que distintos actores -gobierno, profesorado y sociedad civil- se sientan a elaborar y construir conjuntamente las políticas públicas. Por tanto, debemos formarnos no sólo para proponer, también para hacer incidencia en las autoridades que elaboran las políticas públicas.

P. ¿Cómo es ese resultado de la incidencia política?

Es de lo más rico porque al final de este proyecto hemos creado redes que están incorporados en los espacios de toma de decisiones, analizan su realidad local, se coordinan y empiezan a proponer cuestiones para cambiar la educación. Es un proceso que se reproduce por todo el país.

p. ¿Cuál es la reacción del gobierno ante estas propuestas?

Durante muchos años se ha hecho presión para que la inclusión de este tipo de educación fuera tenida en cuenta en los planes educativos. Nunca se consiguió, pero con el actual gobierno de Humala entra una nueva gestión en el Ministerio de Educación con una visión que apuesta por siete políticas prioritarias con un eje común que es promover la equidad y la inclusión para acabar con la brecha educativa. Hay, por tanto,  mucha afinidad; tanto es así, que la propuesta que está realizando el Ministerio está siendo realizada en colaboración con la ciudadanía. La cuestión más interesante es que el Ministerio tiene la posición de decir “bueno, estamos formulando unas políticas, pero las políticas no son nuestras, sino que deben responder a las necesidades de las personas”. Por eso las personas que están actualmente al frente del Ministerio son personas que anteriormente estuvieron en el Consejo Nacional de Educación, que es un órgano consultivo del gobierno en temas de educación. En ese Consejo, antes de entrar en el gobierno, crearon un espacio de concertación nacional con representación de docentes, gobierno y sociedad civil para identificar las prioridades educativas. Se hicieron congresos regionales y uno nacional para poner todo en común y se identificó que había políticas prioritarias y además impostergables, de forma que fuera quien fuera el gobierno tenían que asumirse. Cuando llegan al poder, asumen esas políticas y, por tanto, consiguen el apoyo de todos los colectivos que intervinieron en esa política construida de manera participativa. Ahora hay un esfuerzo para fortalecer los espacios regionales para implementar estas políticas. Hay un interés del gobierno para que la gente no sienta que recibe una educación, sino que la construye. Hay un lema que dice “el cambio es de todos, eres parte del cambio”. Si estos procesos se cortan por falta de apoyo y de recursos, entonces, puede que se corte la transformación.

P. Ante la reducción de fondos, ¿qué alternativas manejáis para poder continuar con vuestro trabajo?

Creo que en este sentido hay dos caminos: uno es ser fiel a lo que eres y otro es sobrevivir. En el caso de Perú, la descentralización está haciendo que las políticas se articulen en el nivel regional. Esto hace que haya regiones con altos ingresos debido al canon minero, como es el caso de Cajamarca, que no saben en qué políticas invertirlos, cómo desarrollar sus propuestas… y tampoco hay capacidades suficientes para hacerlo. Hay ONG que tienden a convertirse en consultoras de los gobiernos regionales para construir esas políticas. Pero, ahí la frontera se sitúa en si lo haces para sobrevivir o porque hay una postura muy clara que es la de fortalecer procesos y por tanto contribuir a un sistema educativo de calidad. Creo que es algo que la cooperación también debe plantearse porque ya no es lo que era y debemos asegurarnos la sostenibilidad, no podemos depender exclusivamente de fondos externos.

P. ¿Qué pueden enseñarnos las iniciativas sociales peruanas en un momento como el que estamos viviendo en España?

Hay que aprender dos cosas: una positiva y otra que no deberíamos hacer. El origen es lo más positivo, la gente. Estas iniciativas surgieron en un momento duro de violencia ante el que la gente se moviliza y se solidariza con los otros, si el Estado no puede cubrir, tendremos que buscar soluciones conjuntas y aportar. Esas redes de solidaridad popular que fuero al principio muy espontáneas demostraron que eran eficientes para dar respuestas, no sólo en el tema de supervivencia, sino incluso a la hora de enfrentar la violencia. De hecho, el comienzo de la derrota de Sendero Luminoso se produjo cuando las personas que más sufrían la violencia se organizaron y crearon las rondas campesinas y empezaron a decir que no querían seguir siendo víctimas de la violencia, querían enfrentarla y no permitirían que nos sacaran de sus pueblos. Son procesos muy válidos para aprender y que tienen mucho que ver con lo que está ocurriendo aquí donde hay mucha gente organizada que está saliendo a la calle y respondiendo a una realidad muy dura. Ahora bien, debemos aprender que lo que surge para dar respuesta a una determinada cuestión debe sobrevivir como iniciativa popular independiente del poder y debe responder a lo que las distintas etapas van demandando. Lo importante es responder a las prioridades de las personas, no del estamento político.

P. Esa crítica que estás haciendo, nos la hacen muy a menudo a las ONG: ¿si somos No Gubernamentales, por qué accedemos fondos públicos?

Las ONG son actores de una responsabilidad del Estado. No puedes sacrificar al mensajero en el proceso. La cooperación no es una responsabilidad de las ONG sino del Estado en la construcción de un modelo de desarrollo colectivo. Las ONG aportan desde la sociedad civil. Más bien démosle la vuelta: qué ocurriría si las ONG no estuvieran en este proceso, con las realidades que hemos tenido podría ocurrir que la cooperación se conviertiera en una disculpa para establecer relaciones comerciales y que detrás de “yo te ayudo” hay un “a cambio de algo”. Equilibrar esa situación es posible gracias a un actor neutral que son las ONG, que no es que seamos mejores ni peores, sino que no estamos directamente implicados en ese proceso; somos sociedad civil articulada con las políticas de los Estados. Si no existe ese actor intermedio, puede correrse el riesgo de tomar decisiones que no respondan a las necesidades de la gente. En tiempos de crisis es más fácil disparar al mensajero en lugar de ir al fondo. Esos argumentos que dicen que primero lo de aquí y luego el resto miran sólo al presente, construir desarrollo es mirar más allá de la crisis. Debemos preguntarnos que sociedad estamos construyendo; nos guste o no somos globales. La sociedad que construyamos será global. España no puede decir que como hay crisis nos encerramos en una isla mirándonos nuestro ombligo… Estamos en un proceso global en el que si no intervenimos si no construimos juntos, al final, perdemos todos. Creo que debemos empezar a pensar no en cómo salimos de la crisis sino en qué sociedad queremos después de la crisis porque puede ser que haya que sacrificar tantas cosas que cuando estemos fuera de la crisis tengamos otras mucho más graves que la económica y la del desempleo y que sea la crisis social, la crisis de un proyecto colectivo, y eso es peligroso.

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